Con esta frase abre el maestro japonés Shunryu Suzuki su libro Mente zen, mente de principiante (1970), una recopilación de charlas que dio a sus alumnos en California. La mente de principiante (shoshin) es una actitud de apertura, curiosidad y ausencia de ideas preconcebidas, incluso ante lo que creemos conocer de sobra.
Cuanto más sabemos, más fácil es dejar de ver. El experto ya sabe lo que va a encontrar, y por eso a menudo no encuentra nada nuevo. El principiante, en cambio, mira como si fuera la primera vez.
La tradición zen cultiva esta actitud de muchas maneras. Una de ellas es el koan, una pregunta paradójica que el maestro plantea al discípulo —«¿cuál es el sonido de una sola mano?»— y que no puede resolverse con la lógica habitual. El koan desarma a la mente que cree saber, y en ese desarme puede abrirse un destello de comprensión directa, el satori.
Pero no hace falta un monasterio para practicar. Basta con la atención plena aplicada a lo cotidiano: saborear el café de la mañana como si nunca lo hubiéramos probado, escuchar a alguien conocido como si no supiéramos lo que va a decir, recorrer la calle de siempre buscando algo que nunca hayamos visto.
Hoy, prueba a hacer una cosa habitual como si fuera la primera vez. Quizá descubras que lo de siempre nunca es del todo lo mismo.